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El mundo del
coche clásico es apasionante, no solo por las "obras de arte" que
son sus coches, o lo legendario de unos pilotos, que lejos de los
sibaritas actuales, se subían a su Caballo de Hierro para participar
en carreras, que a día de hoy, se nos pondrían los pelos de punta
solo con pensarlo.
Carreras en carretera abierta, con circuitos de miles de kilómetros,
sin asistencia, atravesando desiertos y montañas. Eran los albores
del automovilismo. Cuando uno se introduce en el mundo del "clásico"
se queda asombrado por las proezas de los pilotos y por lo precario
de sus máquinas, de mecánicas tan sencillas y tan extraordinariamente
competitivas...
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